Reflexiones

Enamorarse de la maternidad

Daniela Vega

Escrito Por:

Daniela Vega

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29/12/2023

Actualizado el:

2/2/2024

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En este mundo competitivo,  la maternidad se ha visto como un retraso en la realización personal de la mujer, ubicando en un plano superior al trabajo fuera de casa, a los estudios, al  tiempo personal,  anteponiendo estos al hecho normal y natural de ser madre…

Si bien es verdad que la maternidad significa un enorme desafío para la mujer, no deja de tener ese lado humano y hermoso que significa ser gestora de vida. Ese pequeño ser que crece dentro de ti, te amará, será el receptor de tu amor, sin condiciones, recibirá tus cuidados y permanecerá  íntimamente ligada a tu corazón, reflejará  tu esencia, para quien la palabra mamá será lo más importante que conozca, y quien recibirá de ti, la influencia mayor de toda su vida. 

La maternidad sigue siendo el mejor método para traer niños a este mundo.  El cuerpo se prepara para ello con cambios que son visibles, y otros que no los podemos ver, como los que ocurren en el cerebro que según expertos, algunos se revierten después del parto, pero otros con la crianza y la cercanía puede persistir durante años. 

Estos cambios hacen que las mujeres se sientan muy motivadas a responder al llamado de sus bebés, que sientan felicidad cuando sus pequeños sonríen, y que puedan regular su propia angustia ante el llanto del niño. Hay otro cambio que afecta la capacidad de aprender y tomar decisiones,  que ayuda a que la madre elija cuál es la respuesta más apropiada, sin mermar sus capacidades intelectuales.

Se producen modificaciones  relacionadas con la empatía, que ayudan a las madres a entender qué es lo que  pueden estar sintiendo sus bebés. Y por último, todas las zonas del cerebro relacionadas con los sentidos se realzan, el olfato, el gusto, el tacto, la audición y la visión,  para ayudar a las madres a interactuar con sus recién nacidos.

En investigaciones realizadas, se encontró un hallazgo sorprendente de los cambios que deja la maternidad en el cerebro, que mostró que las mujeres que habían dado a luz varios hijos tenían cerebros que parecían “ más jóvenes” que otras mujeres de su misma edad. 

Sin embargo la presión social influye negativamente en muchas mujeres limitando su capacidad de enamorarse de la maternidad.  Frases como “ aprovecha para dormir antes de que nazca, “ tener hijos es muy costoso “  requiere un esfuerzo enorme” vas a estar estancada, aún el antiguo dicho de las abuelas: “ desde que madre fui, ni  harta ni rica me vi”,  han dejado de lado la experiencia tan natural  y gratificante que implica la maternidad. 

Sin embargo no es un cliché:  la maternidad te cambia la vida, modifica tus prioridades y te descubre una nueva forma de ver el mundo. Ser madre es un auténtico don y probablemente, lo más maravilloso que nos regala  la vida.

No estamos siendo ingenuos en pensar que todo será de color de rosa, sabemos  que cada mujer  vive la maternidad desde su experiencia, pero está en tus manos abrazarla, disfrutarla y enamorarte de la maternidad. Los sentimientos muchas veces afectados por las hormonas no son quienes deben determinar nuestra vida. Finalmente la mente, nuestro espíritu, nosotras mismas somos quienes tomamos en libertad nuestras propias decisiones que serán las que moldearán nuestra existencia.  

La maternidad, un placer olvidado.

“ Además, parece que existe un importante mecanismo de retroalimentación según el cual cuanto más cuidas de un bebé más deseas seguir cuidándolo. Te enamoras. Carlos González Pediatra y escritor. 

En otras épocas la maternidad no era percibida como una carga sino mas bien como una bendición deseada y apreciada, sin embargo con el cambio de paradigmas es percibida como algo negativo, dejando de lado que la crianza, la maternidad y el cuidado de los hijos deben ser algo agradable de por sí. 

El exceso de normas que impone la presión social ha evitado que se establezca un vínculo fuerte que nace desde la empatía. “ No lo cojas en brazos porque le malcrías “ no le metas en tu cama, que luego no lo podrás sacar “ “ dejalo llorar” , sin permitir que la mamá haga las cosas desde su corazón, que podamos acurrucarle en brazos, que sintamos ese calor de su piel suavecita, que nos deleitemos con el olor de su cabecita, privándonos de ese placer que nos produce la oxitocina que es la hormona del amor. 

Si se olvida el placer de la maternidad nos quedaremos con el mito impuesto de la madre abnegada y sacrificada.  Es una locura pensar en un trabajo que requiera jornadas de 24 horas, sin vacaciones, de pie o en cuclillas todo el tiempo y sin recibir remuneración alguna, pero hay millones de mujeres que ocupan ese puesto y que lo llevan a cabo felizmente: la madre. 

Te enamoras de la maternidad cuando dejas de lado el pensamiento de  que ser madre es un sacrificio personal,  que has renunciado a ti misma, ya que esto te hará sentir lástima por ti misma. Cuantas personas dedican tiempo y esfuerzo para correr una maratón, escalar una montaña, aprender un nuevo idioma despertando admiración en quienes le rodean. Solamente piensa que lo que es mejor para tu hijo es lo mejor para ti, no renuncies a ser tu misma, así evitaremos que en el futuro pensemos en vez de “ cómo me paga después de tanto sacrificio” en “ que años tan felices son los que he vivido con mi hijo “

Rebaja tu exigencia

No hay manera de ser una madre perfecta, pero hay un millón de maneras de ser una buena madre. (Jill Churchill)

Y es que las madres sentimos culpa por muchas cosas: por salir a trabajar, por seguir nuestras aspiraciones personales, por desear un poco de tiempo a solas, por sentir que no estamos a la altura de otras madres. Sin darnos cuenta, nos volvemos muy duras con nosotras mismas, porque si miramos la  maternidad desde ese punto de vista,  puede ser muy desgastante,  no significa que estemos haciendo mal las cosas, sino que no siempre todo estará bajo control, así que respira… pide ayuda si es posible, relájate, y retoma las fuerzas para seguir. 

Claro que nos equivocaremos… y muchas veces, pero lo compensaremos  con un “ perdón”, con un  “ te amo”, y sobre todo con un abrazo muy estrecho y una sonrisa llena de ternura. El día de mañana será mejor… tendremos la oportunidad de volver a intentarlo nuevamente. 

Finalmente a amar se aprende amando… 

Te enamoras de la maternidad a medida que das, así como  sucede con el agua estancada que se malogra,  el amor que se reparte sigue fluyendo, igual que el agua que corre lleva abundancia de vida. 

Pero, ¿cómo amo, si yo misma no me  sentí amada¿.  La maternidad nos obliga a mirar hacia adentro, ya que sin quererlo repetiremos conductas que pueden haber sido negativas. Hagamos una pausa, allí es necesario perdonar y continuar, existen situaciones que no se deben minimizar, pero también tengo que mirarlas desde la compasión y el entendimiento. 

La maternidad tiene la particularidad de no tener fecha de caducidad, sigue a través de los años, fortalecida, fuerte y profunda,  con transformación de bebé a niño, a preadolescente y a adolescente, con la juventud y la madurez de tu hijo, forjada en el día a día, en las primeras veces, en  la paciencia que se agota, en  la risa y el llanto, en el amor sincero y tierno, con abrazos y besos, con berrinches y rodillas raspadas, con la enfermedad y la tristeza, con la presencia y la ausencia  pero siempre estará allí, rebosando dentro de tu corazón, mientras dejas un legado para siempre.

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